Hotela

El Hotel Unanue resulta todo un descubrimiento. Situado en pleno cinturón verde de Donostia, su edificio de los siglos XV-XVI se colocó en el mapa al inaugurarse como hotel en 2018. Es ciertamente epatante y seduce a quien lo visita. No en vano destaca desde su apertura como uno de los hoteles más valorados de la ciudad: toda una gema escondida.

HISTORIA

Los expertos explican que el primitivo edificio del Unanue-Zar se levantó entre fines del siglo XV y principios del XVI. En fechas anteriores hallamos a los Unanue en un documento que antecede a la propia fundación de San Sebastián en 1180 por Sancho El Sabio de Navarra, como una de las familias fundadoras de la iglesia de San Sebastián El Antiguo. A lo largo de la historia la casa ha sido testigo y sufrido en carne propia mil avatares, de lo que dan cuenta las ‘cicatrices’ que muestran sus muros. Fue hospital militar en las guerras carlistas, aunque el día más aciago de su historia reciente fue sin duda el del incendio que consumió su interior en 2003, tras lo cual, tras unos años de incertidumbre, volvió a la vida como hotel en 2018.

LA ACTUALIDAD

Nuestra máxima es el descanso, el confort y la satisfacción del cliente. El Hotel dispone de 11 habitaciones, cada una de ellas con decoración singularizada y guiños en su ornato a aspectos de la cultura y la diáspora vascas. Muros de piedra, piezas de madera y metal y una gama de muebles y abalorios de colores cálidos se complementan en una unión en la que historia, tradición y diseño contemporáneo suman y encajan casi con predestinación, conformando un entorno agradable y acogedor dotado de notable personalidad y estilo.

DIÁSPORA

El hotel rinde homenaje en sus muros a las diferentes generaciones de vascos que a lo largo de la historia tuvieron que abandonar su hogar y emigraron, sobre todo al continente americano, aunque nunca olvidaron su origen y su cultura. Guiños en la decoración del hall y las habitaciones y una decidida programación cultural ilustran el compromiso que desde su inicio hemos adquirido en dar a conocer y divulgar la realidad del hecho diaspórico vasco, sirviendo de puente entre ambos mundos. Cada una de nuestras habitaciones porta un nombre que refleja un oficio o una actividad desempeñada por vascos en la Diáspora, desde ‘artzain’ (pastor, en EEUU o Argentina), hasta ‘okin’ (panadero/a, en Chile o México) u otras más genéricas vinculadas al ocio, como ‘pilotari’, ‘kantari’ o ‘dantzari’.

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